Visita a Baelo Claudia. Una ciudad romana en tierras gaditanas

Ramón Santos

Caminar por el mismo suelo que un día lo hicieran los romanos en su periplo por el Mediterráneo fue para mí toda una experiencia. Entrar en Baelo Claudia fue como entrar en un túnel de tiempo.

He dividido este artículo en dos partes. En la primera hago un corto pasaje con un personaje ficticio, donde relato mis impresiones del lugar nada más entrar. En la segunda parte, me dedico en esencia a plasmar datos de la ciudad.

Comienzo mi relato y puestos a imaginar le doy nombre latino a mi acompañante ficticio, le llamaré Gnaeus. Con él y nada más salir del edificio que contiene una sección interpretativa del lugar con exposición incluida, Lo primero que nos encontramos es uno de los acueductos que traían el agua desde la serranía hasta la ciudad.

Por cierto, la citada construcción, ante sala del yacimiento arqueológico, fue muy criticada por grupos ecologistas que consideran que supone un impacto visual y paisajístico negativo al entorno.

Gnaeus nos invita luego a caminar a través de las calzadas de sus dos calles principales por las que discurrían artesanos y comerciantes, amén de la ciudadanía en general. Después visitamos la zona de las termas donde se entregaban las clases altas a su momento de relajación, visitamos igualmente los templos de adoración, el puerto donde almacenaban los atunes que previamente se habían pescado en el Estrecho y que cubrían de sal para su conservación, así mismo visitamos los lugares donde producían y guardaban su salsa más preciada; el garum.

Y para remate este imaginario ciudadano de Baelo Claudia, Gnaeus, me brinda la posibilidad de presenciar una sesión teatral con una fábula togata en el anfiteatro. La jornada imaginaria culminaría con unos vasos de vino, eso sí, mezclado con agua para rebajar. De sobra es sabido la gran afición al vino que tenían los romanos. Por poner un ejemplo claro, recientemente se han contabilizado en Pompeya hasta 200 tabernas donde se vendía vino.

Nuestro imaginario guía nos contaría sin embargo que solo la clase noble bebía el vino mediante el modo sapa que consistía en calentar el vino en peroles de plomo para darle un toque dulzón, aunque este tipo de ingesta tuviera efectos secundarios importantes para la salud.

Gnaeus viviría probablemente cerca de las murallas que bordeaban la ciudad. Después de que un terremoto destrozara la zona en el siglo III d.C. allí dejaría todas sus vivencias y parte de sus pertenecías debiendo partir hacia Roma junto al resto de la población dejando a Baelo Claudia sumida en el olvido hasta principios del siglo XX de nuestra era.

Hasta aquí la experiencia personal resumida llevada a un plano imaginario pero con connotaciones reales relacionadas con el asentamiento. Ahora quiero invitarles a conocer más datos acerca de este asombroso lugar que nos invita siempre a viajar en el tiempo.

Baelo Claudia, la ciudad a orillas del mar

La actual zona de Tarifa en la provincia de Cádiz fue escenario de una rica vida portuaria dedicada a la salazón y la apreciada salsa romana garum. Les hablo de la ciudad romana de Baelo Claudia ubicada en las cercanías de la playa de Bolonia.

Por cierto en la actualidad se continua buscando la fórmula exacta de esta citada salsa, incluso extrayendo partículas del fondo de ánforas que lo contenían. El garum se conseguía mediante la extracción de sangre y vísceras de peces, especialmente sardinas, caballas, arenques, boquerones pero también de otras especies incluido el atún. Este compuesto era macerado junto con vinagre, hierbas aromáticas sal y especias y era muy apreciado especialmente entre las clases altas.

Volviendo a nuestro tema central: Baelo Claudia, este conjunto arqueológico nos cuenta mucho acerca de como era, conservando prácticamente intactas calzadas romanas, depósitos para la salazón y el garum y un anfiteatro. Sus edificios fueron construidos en etapas de los emperadores Augusto y Claudio.

La ciudad fue centro neurálgico del estrecho del Mediterráneo y de sus muelles partían embarcaciones repletas de mercancías en su mayoría de productos pesqueros hacia la península itálica y otros puntos del Imperio Romano. Fue tan importante su presencia que el emperador Claudio le otorgó la categoría de “minicipium”.

Nada más entrar en el entorno de la ciudad nos topamos con unos restos de acueducto. Baelo Claudia contaba con un sistema de abastecimiento de agua fresca proveniente de las sierras cercanas que trasportaban a través de tres acueductos.

A medida que se han ido realizando excavaciones, ha ido apareciendo la composición de la ciudad que guardaba los cánones romanos de la época y que disponía de su propio alcantarillado. Un recinto amurallado y dos vías principales marcaban la vida de la población en Baelo Claudia, alrededor de las cuales se encontraban las viviendas, una basílica, el teatro con aforo para dos mil personas, los templos, necrópolis, un mercado, los baños, etc.

En el entorno se aprecia y destaca la basílica con sus columnas y una estatua del emperador Trajano que presidía los consejos. Llama la atención también la zona de Termas donde aquellos romanos tomaban sus baños a través de un circuito dispuesto primero por una sala de agua caliente, otra templada y una final fría. Otro elemento es el conjunto de templos, tres concretamente, dedicados a sus dioses Júpiter, Minerva y Juno además de otro cercano construido posteriormente para la diosa egipcia Isis. Diosa muy venerada especialmente por el colectivo de mujeres romanas por su relación con el culto a la fertilidad.

Las factorías de salazones y garum se encontraban en la zona sur. Se puede apreciar perfectamente los pozos donde se almacenaba aquella materia prima que luego partiría en barcos metidas en ánforas.

Se estima que empezó a construirse sobre el siglo II a.C. Un terremoto en el siglo III d.C. afectó gran parte de las infraestructuras apreciándose especialmente en sus calzadas. Será en el siglo VII d.C. cuando Baelo Claudia es abandonada por los romanos quedando a merced de un implacable desgaste erosivo. El yacimiento que hoy podemos disfrutar esta declarado como Monumento Histórico Nacional desde 1925.

Sería el hispanista francés Pierre París quien comenzaría a principios del siglo XX, sobre 1917, las primeras labores de restauración y recuperación de la zona. 100 años estudiando su suelo, sus edificios, todo el conjunto arquitectónico, son muchos años y lo que es más interesante es que según los expertos aún quedan muchos años más de trabajos para descubrir la verdadera y total Baelo Claudia que un día fue.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.